Parte cuarenta y siete

Un golpe en la puerta de su oficina hizo que Isadora levantara la vista y frunciera el ceño. Eran más de las cinco de la tarde y sus empleados se habían ido a casa media hora antes.

—Adelante —dijo, y se arrepintió al instante.

Los agentes Haverley y Halden entraron en su oficina y ella tragó sali...