Parte treinta y dos

Isadora levantó la vista de su portátil cuando la puerta de su oficina se abrió. Susanna asomó la cabeza y la miró con ojos preocupados.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó Isadora, sintiendo un temor creciente ante la idea de que algo más sucediera.

Había estado sola toda una semana después de que Domini...