Alas

Lucifer

Uriel me mostró su trasero. Me pasé el pulgar por los labios y sonreí mientras ella reía trotando por el pasillo. Mi corazón saltó en mi pecho al ver cómo podía ser tan provocativa, mi pequeña conejita más que dispuesta a mostrarse ante mí sin miedo. Era la única mujer viva que mostraba tal...