220

Isabella

George se arrodilló frente a mí en el quiosco. Le había dado a Alessandro el visto bueno para que lo dejara venir a la mansión. Vino acompañado de tres personas más que no reconocí.

—Hubo un error, Princesa. Si hubiera sabido...

—Sé que piensas que soy una figura benevolente de infinita ...