¡Ja! ¡En tu cara!

Daisy no necesita mirar a Gabriel para saber que ha ganado. La multitud reunida detrás de él aplaude y grita mientras él desliza sus brazos alrededor de su cintura para darle un abrazo por la espalda y susurrarle dulcemente al oído:

—Perdedora.

Molesta por su error innecesario, ella se da la vuelt...