Capítulo 125: Segundas oportunidades

El día en que tuve que renunciar al trabajo en Erickson quedó grabado en mi memoria como una cicatriz irregular, una herida que se negaba a sanar. Mi orgullo había recibido un golpe brutal, y me sentía como un barco perdido en el mar, sacudido por las implacables olas de la vida. Pero, como dicen, c...